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Aspirinas para todo un día
noticia leída 647 veces
desde 27/02/2003
BRASIL

El insistente gemido del móvil martilleaba mi dolorida cabeza. Estiré el brazo con parsimonia y cogí la llamada. Era un compañero de redacción, tenía que acudir al periódico de inmediato. Me vestí como pude con la misma ropa que el día anterior y salí tambaleándome de casa. Afuera azotaba el frío y el reloj marcaba las 5:30 de la mañana.

La migraña fue mi fiel compañera de viaje hasta que éste llegó a su fin. La redacción registraba un movimiento excesivo de personas para la hora que era. Me acerqué a mi escritorio y vi un teletipo en él, lo que había escrito sobre su agrietada superficie provocó en mí un efecto desvelador que no igualaban ni dos cafés cargados: Mauricio Pérez, rutilante joven estrella del Boca y autor de siete goles en sólo tres partidos, había sido fichado sorpresivamente por el ValviU2 de 3ª división Turca. 29 millones de euros tenían la culpa.

A pesar de todo, no era el único traspaso que me tendría que ocupar de cubrir ese día en la liga Brasileña, aunque sí el más importante. Jaime Barragán del Liefeld FC también tenía que hacer las maletas e irse al Urkel, de 4ª Japonesa. El MoraFurgol tampoco quería ser menos y traspasó a Gustavo Enix al Gay Power. William Espinosa del Mandungai emigró hacia filas del NewTeam, y así pude contar hasta 9 operaciones de traspaso más en las divisiones inferiores del país carioca.

El día transcurrió tal y como pensaba y las horas acumuladas hacían mella en cada uno de mis huesos. Cuando llegué a casa, el chirrido de la puerta abriéndose sonó como un canto triunfal. Me despojé de mi chaqueta tomé el sofá como si fuera un apasionado amante. En ese momento volvió a sonar el móvil. Su tono amenazante me impedía cogerlo, pero mi sentido de la responsabilidad me obligaba a ello. Quisé morirme cuando escuché de nuevo la voz de mi compañero de redacción diciéndome « El Boca ha refichado a Mauricio Pérez».

No podía descansar, el trabajo no me dejaba ir, sus cadenas eran demasiado fuertes. Me incorporé de nuevo antes de coger demasiado cariño al sofá y me dispuse para alargar unas horas más mi tortuoso horario laboral.

Sería una noche larga, muy larga, y estaba seguro que al final de la misma la única recompensa extra que obtendría serían unas ojeras más grandes si cabe que las que ya tenía. « Al fin y al cabo, ni esto es Periodistas ni yo soy José Coronado» pensé.

Sallem